Dejando una relación malaVerónica RamÃrez Verónica RamÃrez es miembra del la Iglesia El Buen Pastor de los hermanos menonitas en Orange Cove, California, y actualmente trabaja para una cadena hispana de televisión. Cuando tenÃa 21 años, durante mi segundo año en la universidad, pensé que estaba preparada para casarme con mi novio de seis a ños. Siendo novios por tanto tiempo me hizo creer que sabÃa exactamente con quién me iba a casar. SabÃa antes de casarme que mi esposo tenÃa una tendencia celosa; eso debiera haber abierto mis ojos, pero cuando una está enamorada nada parece tener importancia. Me casé en el verano de 1996, unos pocos meses antes de comenzar mi tercer año en la universidad. Todo era fantástico. Nos comunicábamos aunque en ocasiones tenÃamos desacuerdos, pero eso era normal. Todas las parejas tienen desacuerdos en algún momento. Seis meses después de casarnos, mi esposo perdió su trabajo. Lo apoyé mucho. Yo entendÃa que como humanos podemos perder nuestro trabajo en cualquier momento. Traté de buscarle un trabajo pero cada vez que lo hacÃa me daba alguna razón por la cual él creÃa que no funcionarÃa. Creo que el perder su trabajo lo hizo sentirse inseguro de a sà mismo, algo que más adelante afectó nuestra relación. Se puso más celoso que antes. Ahora él estaba registrando mi carro y mi cartera cada dÃa tan pronto llegaba a casa. Después de un año de casados y seis meses de sostenernos económicamente, mi paciencia comenzó a acabarse y las discusiones comenzaron a hacer más frecuentes. Asà que un dÃa le pregunté por qué todavÃa no tenÃa trabajo y él respondió diciendo, "Es dif Ãcil encontrar un trabajo, y es más, yo creo que necesito cuidarte". Yo asistÃa tiempo completo a la universidad y trabajaba más de 40 horas por semana y aún con todo lo que estaba pasando en mi vida pude terminar mi licenciatura en negocios. El dÃa de mi graduación debiera haber sido un dÃa emocionante para mÃ. ¡Pero no lo fue! Mi esposo rehusaba ir a la graduación porque yo estarÃa caminando con un hombre que ni conocÃa, un compañero de la Facultad de Negocios. Discutimos interminablemente, pero por fin asistió a la ceremonia. Después de la graduación pensé que estarÃa contento por mÃ, pero no lo estaba. El seguÃa estaba molesto porque le hice ir. Asà que lloré y mi familia podÃa sentir mi dolor y ellos lloraron conmigo. Este debiera haber sido unos de los dÃas más alegres de mi vida y él me lo arruin ó. Al escribir esto, me vienen a la memoria todos esos sentimientos y no puedo más que llorar. Hasta el dÃa de hoy no puedo entender cómo alguien que dice que te ama puede hacer esto, especialmente en una ocasión tan especial. Para el invierno de 1997, ya no aguantaba el abuso verbal y emocional, y me deprimà tanto que desarrollé problemas respiratorios por causa del estrés. Esa navidad mi familia iba a salir de vacaciones y nos invitaron a mi esposo y a mÃ. Mi esposo me dijo que estaba bien que yo fuera, pero que él no irÃa con nosotros. Creo que fue durante esas vacaciones cuando por fin me decidà a dejarlo. Regresé y seguimos discutiendo diariamente. Para ese entonces, ya no nos hablábamos sin tener una disputa. Si él me llamaba al trabajo me gritaba sin razón. Yo amenazaba con irme y él lloraba y decÃa que iba a cambiar. Por dos dÃas él era el joven con quien me habÃa enamorado, pero luego regresaba a ser la persona que tanto me disgustaba. Se habÃa creado un ciclo de abuso verbal y emocional. Durante los meses de enero y febrero estaba entre dejarlo o no. La razón por la cual no lo querÃa dejar era que sentÃa que le podÃa ayudar y cambiar su actitud sobre la vida. Dejar a una persona con que uno ha estado por tanto tiempo no es tan fácil como puede parecer. No es que no sabÃa lo que estaba pasando. SabÃa que estaba en un ciclo de abuso y que si no salÃa quién sabe dónde podÃa terminar. Me habÃa decidido durante las vacaciones navideñas, asà que ¿por qué estaba demorando tanto en irme? Bueno, la "acción" de dejarlo era una cosa muy diferente. Antes de estar en esta situación, yo pensaba que dejar una relación abusiva serÃa una cosa muy fácil. Pero hasta que estuve en el ciclo de abuso, no comprendà lo que sentÃa una persona abusada cuando toda la gente a su alrededor le dice, "Déjalo, que para nada te sirve". Uno tiene que pensarlo mucho para dejar a una persona asÃ. Comienzas a pensar que pasarán cosas malas si le dejas. Desde mi experiencia, comencé a entender que cuando pusiera el paro y dijera, "No más, ya no puedo", que esa serÃa el dÃa que dejarÃa de estar deprimida. Estaba determinada a dejarlo sin importar lo que pasara. Me tomó todo el mes de marzo para hacerlo, pero lo hice. El dÃa que lo dejé estaba camino a la casa de mi mamá. Supongo que presintió que lo iba a dejar definitivamente, aunque no traÃa nada aparte de mi cartera, porque rehusó dejarme ir. Obviamente comenzó la griterÃa y yo le dije que necesitábamos un descanso una del otro y que yo no iba a regresar hasta que resolviéramos nuestros problemas. ¡Eso desató su enojo! El comenzó a destruir nuestra casa. Para cuando terminó lo único que no estaba roto era la videograbadora. El rompió todo desde el marco de un cuadro hasta la mesa de la cocina, y todo lo demás. Algunas de las cosas salieron volando en mi dirección, pero gracias a Dios nada me peg ó. Traté de calmarlo pero no podÃa. Estaba incontrolable, asà que llamé al 911. Al hacer la llamada él me quitó el teléfono y rompió la cuerda de la pared. Gracias a Dios mi llamada al 911 se conectó y en unos 10 a 15 minutos apareció una oficial de policÃa. Mi esposo la vio y me dijo que yo no iba a salir por la puerta. Cuando ella tocó a la puerta algo le sobrevino y dijo, "Abre la puerta y sigue adelante y vete si quieres". Abrà la puerta y expliqué la situación a la oficial. ¿Pueden creer que ella tuvo el descaro de decirme que seguramente yo habÃa hecho algo para provocarlo? De alguna manera ella lo estaba defendiendo, y me estaba tratando como si yo fuera la mala. Ella estaba tratando de insinuar que en verdad yo no me irÃa, que yo iba a regresar. Me estaba tratando como aquellas mujeres que repetidamente llaman a la policÃa, pero que nunca dejan a sus esposos. Cuando primero la vÃ, habÃa pensado, "Tremendo, una oficial mujer". ¿Cómo podrÃa enfrentarse una mujer, aunque policÃa, a un hombre de 6 pies 6 pulgadas y 220 libras? Yo sabÃa que una pistola no intimidarÃa a mi esposo. Al contarle mi historia parece que ella reconoció el peligro en que se encontraba porque ella llamó para que mandaran otro oficial. Y adivinen quién fue su apoyo. Otra mujer. Para entonces pensé, "Tremendo, otra mujer". Cuando llegó la segunda oficial, ella evaluó la situación y también llamó para que mandaran otro oficial y me sacó del lugar. Antes de que llegara su apoyo, una de las oficiales vió a mi esposo corriendo por el patio de atrás. Por casualidad el oficial de apoyo estaba en la equina de nuestra casa, y lo comenzó a buscar. No lo pescaron. aunque según las oficiales policiales él no hab Ãa hecho nada mal. Asà que aunque lo hubieran pescado, no lo hubieran arrestado. La segunda oficial era una mujer tan buena. Ella me llevó a casa de mis padres y entró a la casa para tomar mi declaración y entre ella y mi hermana, una terapeuta matrimonial y familiar, me persuadieron a conseguir una orden de restricción de emergencia. Y al estar ella haciendo la llamada, mi esposo apareció a la puerta. La oficial pidió apoyo y ordenó a mis hermanas y a mà que nos alejáramos de la parte delantera de la casa. Lo hicimos. Ella habló con él con la puerta cerrada y siguió insistiendo en la orden de restricción de emergencia. Su apoyo habÃa llegado y cuando llegó la orden, ella salió para presentarle la orden de restricci ón. La policÃa lo dejó en casa de su mamá y yo sabÃa que él iba a regresar. Me fui del pueblo. Para la protección de todos, no le dije a nadie dónde estaba. Me mudé con una de mis amigas y su familia. Pensé en quedarme con ella sólo hasta que él se calmara. Entonces podrÃa regresar a casa de mis padres. Pero no pasó asÃ. El dejó muchos mensajes amenazantes en casa de mis padres y en mi trabajo. El acechaba a mi familia y vigilaba su casa. En el trabajo le pedà a todos que dijeran que ya no trabajaba allÃ, y yo hice un buen papel de entrar y salir de la oficina para que nadie me viera. Pero un dÃa la puerta de mi oficina estaba abierta y mi compañera de trabajo estaba entrando por la puerta de enfrente cuando apareció mi esposo. Desde la puerta de enfrente se podÃa ver directamente hasta mi escritorio. El trató de entrar en la oficina a la fuerza, pero mi compañera pudo, de alguna manera, detener la puerta bloqueando la entrada, aunque él estaba medio adentro. El la pudo haber lastimado, pero no lo hizo, él sólo siguió rogándome que le diera otra oportunidad. Afortunadamente otra compañera de trabajo estaba sentada enfrente de mi escritorio donde él no la podÃa ver. La vi y le dije en una voz baja tratando de que no fuera obvio, "Llama a la policÃa y diles que mi esposo está violando una orden de restricción." Lo hizo. Vino la policÃa y él corrió como de costumbre. Siendo que él sabÃa que yo trabajaba allà sabÃa que lo verÃa de nuevo. Para protecció n de mi familia y mÃa, no tuve otra opción que irme del estado. No podÃa vivir mi vida teniendo que cuidarme la espalda cada segundo del dÃa. Como una semana después de este incidente fui a la corte para pedir una orden de restricción temporal. TenÃa miedo de verle allÃ, siendo que los dos tenÃamos que comparecer. Pero gracias a Dios que no apreció. Salà del estado ese mismo dÃa.
This story appeared in the September-October 2001, issue #157, of the Women's Concerns Report titled "Domestic Violence, A Concern for All." Please do not reproduce without permission. |